Después del encargo ya no llama nadie.
Justo ahí se decide si habrá un segundo. Rufori llama después del trabajo, recoge cómo ha ido, recuerda mantenimientos y plazos — y le trae el descontento antes de que se haga público.
Qué pasa después
Medir la satisfacción
Una conversación corta en vez de un formulario que nadie rellena — con una tasa de respuesta que el correo no alcanza.
Recoger la crítica dentro
A quien no está contento se le escucha y se le deriva. A quien sí lo está se le pide una valoración.
Motivos que se repiten
Mantenimiento, revisión, renovación o repaso anual: el asistente llama cuando toca.
Cómo se convierte en rutina
- 1
Definir el momento
Cuándo se llama: días después de la entrega, meses después del montaje, antes de que venza un plazo.
- 2
Mantener la conversación
Corta, amable y sin vender. Se trata de escuchar, no de cerrar el siguiente trato.
- 3
Desencadenar lo que sigue
Una valoración, una llamada de la dirección o una cita nueva, según la respuesta.
Momentos habituales
- Opinión unos días después del trabajo
- Recordatorio de mantenimiento con la periodicidad acordada
- Contrato o revisión que vence en breve
- Pedir una valoración cuando la llamada ha ido bien
¿Cuándo supieron sus clientes de usted por última vez?
Preparamos una llamada de seguimiento para uno de sus servicios y usted escucha cómo cae.